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Vestimentas Tradicionales
VIDA COTIDIANA Y OFICIOS TRADICIONALES
Antiguamente, la ropa en Prádena se hacía en casa, a mano, por madres y abuelas que transmitían su saber de generación en generación. Se usaban materiales locales como el lino y lana merina. Las prendas eran sencillas y funcionales. Predominaban los tonos oscuros, especialmente el negro, usado durante los largos lutos por los familiares fallecidos.
Hoy estamos acostumbrados a vestir ropa de marca, que compramos por internet o en los grandes centros comerciales. Pero no hace tanto tiempo, cuando las economías eran casi de subsistencia, la vestimenta tenía una historia muy diferente. En el mundo rural no había marcas, ni tiendas, ni colores.
Por aquel entonces, la mayoría de las prendas no se compraban: se confeccionaban en casa, a mano. Eran las propias vecinas, madres y abuelas quienes cosían la ropa para toda la familia, utilizando conocimientos aprendidos de sus mayores y transmitidos de generación en generación. No existían patrones escritos ni tutoriales, solo experiencia y trucos que se enseñaban con las manos. Por ejemplo, el ancho del hombro de un jersey no se medía con cintas métricas, sino con los dedos: ocho dedos de ancho, y listo.
Las prendas más comunes eran camisas, pantalones y vestidos. Curiosamente, no se solían hacer abrigos, tal vez porque no se disponía del material necesario o del tiempo suficiente. Para los días fríos, lo que no podía faltar eran los calcetines de lana, también hechos a mano mientras las pastoras cuidaban del ganado. Pero no se usaba cualquier lana: tenía que ser de oveja merina, por ser más fina, suave y rendir mejor que la lana de las ovejas churras, más larga y apelmazada.
La ropa solía confeccionarse con materiales locales. El lino, por ejemplo, era muy valorado y se cultivaba cerca del pueblo, en unos terrenos llamados linares. Su importancia era tal que incluso figura en el escudo del municipio. Quien quiera saber más puede leer el libro Las memorias del lino en Prádena del Rincón, escrito por Margarita López Martín.
La vestimenta era humilde y variada, pero los colores no lo eran tanto. No existía mucha gama cromática y la estética era sencilla y funcional, sin adornos innecesarios. Predominaban los colores oscuros; de hecho, el negro estaba muy presente en la vida diaria. Cuando fallecía un familiar, se guardaba luto riguroso durante tres años: las mujeres vestían completamente de negro, y los hombres llevaban corbata o brazalete negro en señal de respeto por la persona difunta.
Entre las prendas más recordadas estaban las albarcas, un calzado rústico hecho con cuero y suelas de neumático. No había otro calzado para el trabajo diario. También se recuerda con cariño el velo negro triangular que llevaban las mujeres al ir a la iglesia. Algunas decían que era obligatorio; otras, que simplemente estaba de moda. Se trataba de un trozo de tul negro, bordado a mano con hilos que vendía el señor Clemente en su tienda. Los patrones se compartían en papel entre vecinas, y luego cada una lo bordaba con esmero.
Otra prenda común era la faltriquera, una pequeña bolsa de tela que se ataba bajo la falda o el delantal y servía para guardar objetos personales, como un bolsillo secreto.
