Pradena del Rincon

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La Minería y la Piedra Seca

NATURALEZA Y PAISAJE EMOCIONAL

En Prádena hubo varias canteras, de donde se extraían diferentes tipos de piedras, como la cantera de la Fuente Gómez, la del Caño y el Hueco de los Tormos. También destaca la mina de “la perla”, de la cual se obtenía la freibergita, un singular mineral (un sulfuro de metales como la plata, el cobre y el hierro).

Estoy seguro de que estáis familiarizados con la imagen de las paredes de piedra seca en el campo. La piedra seca es un arte que forma parte de la imagen e identidad de Prádena y de la sierra. Personalmente, no soy capaz de calcular cuántos cientos de kilómetros de pared de piedra tenemos en nuestro término municipal, ni los años de trabajo que habrá llevado levantarlas.

La pared de piedra seca es una técnica constructiva tradicional que utiliza piedras encajadas sin mortero, destacando por su durabilidad y respeto al medio ambiente. Es una técnica que se ha transmitido de generación en generación a lo largo de los siglos. En la actualidad, afortunadamente, todavía quedan algunos artesanos tradicionales que, con sus manos expertas, intentan preservar y transmitir este saber ancestral.

La piedra de Prádena es también un verdadero tesoro natural, que se mezcla con la fauna, la vegetación y la geología para contar la historia de generaciones enteras. Aquí no solo se escuchan los sonidos del campo: también hablan las piedras. Antiguamente sería impensable separar una tierra para delimitar su propiedad, o para evitar que entrase ganado ajeno, sin contemplar una pared de piedra marcando los límites del prado.

Entre las rocas más abundantes en este término municipal destacan el cuarzo, la pizarra y, sobre todo, el gneis, una piedra resistente que ha sido el alma de muchas construcciones tradicionales. Durante siglos, esta roca se ha utilizado para levantar casas, pajares y los muros que cercan los prados y los caminos. La piedra no era un simple recurso; era parte esencial de la vida diaria, tan importante como el agua o el pan.

Como os decía al principio, solo hay que imaginar los kilómetros y kilómetros de muros de piedra que surcan los campos de Prádena. Cada uno fue levantado con un esfuerzo enorme: la piedra se extraía de las pedrizas – canteras abiertas en la ladera de la sierra – y se transportaba en carretas tiradas por bueyes. Por caminos de tierra, estrechos, irregulares y llenos de baches, nuestros antepasados dedicaban jornadas enteras a mover esas piedras, día tras día.

Las tres pedrizas más conocidas de Prádena son: la de la Fuente Gómez, la del Caño y el Hueco de los Tormos. Estas tres pedrizas son fácilmente visibles si se mira desde el pueblo hacia el alto de La Puebla. Son lugares duros y silenciosos, que representan el esfuerzo humano y el vínculo profundo entre el pueblo y su tierra.

Pero la relación de Prádena con su geología no se queda en las pedrizas. Existen espacios que nos permiten conocer mejor el patrimonio mineral del municipio. Uno de ellos es el museo de rocas de la Laguna del Salmoral, donde se pueden ver algunas de las especies geológicas más comunes de la Sierra Norte. Otro lugar aún más enigmático es la mina de La Perla, situada en las afueras del pueblo, en dirección a Montejo.

Muchos del pueblo recuerdan el lugar: al lado derecho de la carretera, frente a una torreta de sal, estaba lo que se conocía como la entrada «bajera» de la mina. Un poco más arriba, al llegar a un falso llano, se encontraba la «cimera», al margen izquierdo.

Lo que sí se sabe con certeza es que en esta mina se extrajo freibergita, un mineral análogo a la plata, entre finales del siglo XIX y principios del XX. La freibergita es de color gris oscuro, con un brillo metálico, y contiene hasta un 40 % de plata.

El acceso a la mina hoy es complicado, muy peligroso y está abandonado. Sin embargo, aún pueden verse desde el exterior restos de la actividad minera, como una especie de habitación de piedra junto a un agujero profundo, probablemente una antigua chimenea de ventilación o un punto de extracción del mineral. Durante un tiempo, y después de acabar su actividad, estos puntos se convirtieron en una especie de basureros de escombros y otros residuos vegetales.

Y todavía hay más. En los años 40 y 50 del siglo pasado, dos hermanos procedentes de Reinosa, llamados Ricardo y Alejandro, llegaron a Prádena atraídos por otro recurso: la mica, conocida popularmente como espejuelo. Trabajaron en dos zonas del término municipal: una en los Carros Parés y otra en Las Terreras, cerca del cruce con Paredes. Allí construyeron una pequeña instalación de piedra, donde extraían el mineral, que luego era limpiado y preparado por mujeres del pueblo para su venta.

Cada piedra de Prádena guarda un pedazo de historia. Ya sea formando parte de un muro de piedra seca, brillando en una muestra del museo de la Laguna del Salmoral, escondida en una vieja galería minera de mica, o como parte de un pajar de antaño.

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