Pradena del Rincon

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Juegos Tradicionales

CULTURA POPULAR Y TRADICIONES

Los juegos infantiles eran al aire libre, con objetos hechos a mano de materiales sencillos que estaban en el pueblo. Se jugaba a la comba, al escondite, a la piola o a la calva… ¡La llegada de los juegos de mesa fue una gran novedad!

La infancia en Prádena se vivía de forma muy distinta a la de hoy. Los niños jugaban en la calle, especialmente en la plaza, justo frente al antiguo ayuntamiento, y lo hacían con juegos sencillos y creativos, casi siempre inventados con lo poco que había.

Las niñas solían jugar a las prendas, a saltar a la comba o al coto, que consistía en dibujar en el suelo dos cuadros numerados y empujar una piedra plana y redonda de uno a otro mientras se avanzaba a la pata coja. Era un juego de habilidad, paciencia y muchas risas.

Los niños, por su parte, jugaban con peonzas de madera que hacían girar con gran destreza o al fútbol con un balón de trapo. También se entretenían con el juego del gua, que consistía en lanzar una agalla —una bolita que se recogía de los robles— a un agujero en el suelo. Con el tiempo, las agallas fueron sustituidas por canicas de cristal o cerámica, que se intercambiaban o se ganaban en partidas apasionadas.

Había juegos grupales y mixtos en los que chicos y chicas compartían la diversión. Uno muy recordado era los alfileres: para jugar, se escondían varios alfileres en una tabaquera o en la mano. El jugador cerraba el puño y preguntaba al otro: «¿Cabezas o puntas?». Si acertaba, ganaba alfileres; si no, los perdía. Era un juego de suerte, intuición y picardía. Cuando te apretaban el dedo gordo, aunque te pinchases, aguantabas el dolor para no tener que dar los alfileres.

También se jugaba al escondite, al bote o a la pídola, donde un niño se agachaba y los demás saltaban sobre su espalda. Si alguno rozaba al que estaba agachado, «la ligaba» y pasaba a ocupar su lugar. Y no faltaban los clásicos juegos rurales, como la calva o el chito, que requerían puntería y fuerza.

Eran tiempos sin pantallas ni juguetes caros, pero sobraban imaginación y ganas de moverse.

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