Pradena del Rincon

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Antiguas Escuelas y la Casa de la Maestra

CULTURA POPULAR Y TRADICIONES

Una sola maestra enseñaba a todos los niños en una única aula, con pocos libros y pupitres de madera. Los alumnos aprendían de todo y ayudaban en casa cuando el trabajo del campo lo exigía. Muchos vecinos aún recuerdan con cariño a sus maestras y las lecciones de respeto y esfuerzo que marcaron su infancia, doña Emilia, doña Julia, doña Claudia, don Delfín y doña Angelines.

Hace muchos años, en Prádena, los niños y niñas estudiaban en una escuela que se encontraba justo detrás del antiguo ayuntamiento, muy cerca de donde hoy para el autobús. Tras la Guerra Civil, las escuelas fueron trasladadas a donde hoy está el Centro Cultural.

En aquella época, todos los alumnos compartían una única aula, sin importar su edad o curso. Una sola maestra enseñaba a todos, desde los más pequeños de seis años hasta los mayores de catorce, que solían dejar la escuela para trabajar en el campo o cuidar el ganado. No era raro que algún niño pidiera salir antes para ayudar a sus padres, especialmente en invierno, cuando el sol se ocultaba pronto.

Los libros eran escasos y se pasaban de hermano a hermano. Con un solo libro aprendían de todo: lengua, matemáticas, historia, geografía… Los pupitres eran de madera, dobles, con un hueco para colocar el tintero, y en los recreos los niños jugaban bajo los soportales del ayuntamiento, cobijados del viento y la lluvia.

Hoy, esas aulas han cambiado. Ya no hay niños estudiando allí, porque ahora van al colegio de Buitrago. El edificio se ha transformado en un Centro Cultural, donde se celebran reuniones, exposiciones, talleres y actividades para toda la comunidad. En 1985, el ayuntamiento aprobó su renovación, tal como quedó recogido en el acta de aquel verano.

Pero más allá de los muros y los pupitres, lo que muchos vecinos recuerdan con más cariño son a sus maestras: doña Emilia, doña Julia, doña Claudia y doña Angelines. Fueron mujeres dedicadas, que enseñaban a leer y a escribir, pero también a pensar, a respetar y a vivir.

Y cómo no acordarse de don Delfín, el maestro, y de su esposa doña Pepita, a cuya casa llevaban agua en cántaros; o de doña Gloria.

Eran tiempos distintos, pero llenos de ingenio, respeto y comunidad. La vieja escuela de Prádena no solo enseñaba con libros, sino también con ejemplos que perduran hasta hoy.

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