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Las Peñas – Historias de la Guerrea Civil
HISTORIA Y MEMORIA DE PRÁDENA
Durante la Guerra Civil, aunque el pueblo no sufrió grandes daños, todavía algunos vecinos recuerdan que un domingo, a la hora de la misa, cayeron varios obuses muy cerca de la iglesia, y que las personas que estaban asistiendo a misa salieron corriendo a refugiarse debajo de estas peñas.
Aunque han pasado muchos años, aún viven en Prádena algunas personas que nacieron poco antes del inicio de la Guerra Civil Española. Gracias a sus recuerdos conocemos algunas historias que, aunque no quedaron registradas por escrito, se han transmitido de generación en generación.
Según relatan, la Sierra del Rincón, y Prádena en particular, no sufrió grandes daños materiales ni se registraron muchas bajas durante el conflicto. El frente apenas se desplazó por esta zona y, durante casi toda la guerra, hubo un destacamento militar en el pueblo, que llegó a Prádena el 7 de agosto de 1936. Las fuerzas del otro bando controlaban las alturas de la sierra, especialmente desde el paraje conocido como Las Cabezas, desde donde podían vigilar el valle.
Cerca de allí, en dirección al pueblo de Paredes, se encontraba el llamado «frente del agua», una línea de combate que hoy se puede visitar, y que conserva trincheras, refugios y fortificaciones de ambos bandos. Recibe su nombre por la importancia estratégica de los embalses de El Villar y Puentes Viejas, que abastecían de agua a Madrid.
En Prádena también permanecen recuerdos más cercanos y personales. Por ejemplo, se cuenta que un domingo, mientras se celebraba la misa, cayeron varios obuses cerca de la iglesia. La población salió corriendo de la iglesia y se refugió bajo unas grandes peñas próximas, cuyos huecos ofrecían suficiente protección.
Otros sucesos incluyen un accidente trágico: un camión del ejército atropelló a un joven en la calleja del Prado, cerca de las eras, causándole la muerte.
Asimismo, se recuerda que el sacerdote del pueblo, don Saturio, tuvo que esconderse durante varios días en un pajar del barrio de la Mayra. Fue cubierto con paja y un paraguas, para que pudiese respirar, permaneciendo allí sin ser detectado.
Otra historia que se recuerda dice que, en invierno, unos jóvenes pastores encendieron una lumbre en el monte para calentarse y alguien colocó una bomba sin detonar en el fuego, posiblemente sin ser consciente del riesgo. La explosión causó la fractura de una pierna a uno de los jóvenes y la muerte de su perrita pastora.
Aunque Prádena no fue un frente directo de combate, estos relatos muestran que la guerra dejó huellas en el pueblo: sustos, pérdidas, escondites y recuerdos que aún forman parte de la historia y de la memoria colectiva.
