Pradena del Rincon

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Las Tabernas, el Ocio, la Música y Canciones Populares

CULTURA POPULAR Y TRADICIONES

Hace décadas, las tabernas eran el centro de la vida social. Tras las duras jornadas en el campo, los vecinos se reunían allí para charlar, reír y compartir momentos. En el siglo XX había tres muy conocidas: la del tío Clemente, la del tío Simón y la del señor José, donde además de vino y comida se organizaban bailes y partidas de cartas. Eran lugares de encuentro.

Hace unas cuantas décadas, el ocio en Prádena era muy distinto al de ahora. Apenas se salía del pueblo, el turismo no existía y el trabajo en el campo ocupaba casi todo el día. Pero incluso entonces, después de una jornada larga y dura, la gente encontraba tiempo para reunirse, reír, cantar y compartir buenos ratos. El ocio se vivía en comunidad y tenía mucho sabor a pueblo.

Uno de los lugares más importantes para reunirse era la taberna. Allí, como en las covachas o en los lavaderos, se charlaba, se reía y se desconectaba del trabajo diario. Ya en el siglo XVIII se sabe que existía una taberna pública en Prádena, según recoge el Catastro del Marqués de la Ensenada.

En el siglo XX había tres bien conocidas: la taberna del tío Clemente, junto a la plaza de la Constitución, donde, además de vino, se podían comprar hilos, utensilios para coser e incluso velos; luego estaba la del tío Simón, a la salida del pueblo, en la carretera de Montejo, donde se vendía vino en tinajas y también tabaco; y, por supuesto, la más grande y conocida: la taberna del señor José. Allí no solo se vendían bebidas, carne o arroz, sino que también se organizaban bailes los domingos, con un organillo que había que hacer funcionar a mano. Los mayores se reunían a jugar a las cartas y charlar, mientras los jóvenes bailaban y se conocían.

Se jugaba principalmente al mus y al tute, aunque, cuando se juntaban seis personas, se jugaba a la brisca. Los jóvenes aprendices de mus querían medirse con los mayores, pero estos casi nunca aceptaban, por si perdían y tenían que aguantar las bromas de los que ellos llamaban simples «sujeta-cartas». Perder al mus no era solo cuestión de rascarse el bolsillo; lo peor eran las risas de quienes te ganaban. En aquellos tiempos, las tabernas eran el corazón social del pueblo.

Y no todo era beber o bailar: en Prádena también se hacía teatro popular. El alma de aquellas funciones era Martín, el huevero, casado con Dionisia, de Horcajuelo. Martín recogía los huevos del pueblo para venderlos en Madrid, y por cada tres huevos te daba un trozo de jamón. Pero, además, organizaba las obras de teatro: repartía los papeles, dirigía los ensayos y montaba las funciones.

Los actores eran los propios vecinos del pueblo. Al principio actuaban en las escuelas, luego en un pajar y, más tarde, en el club de la iglesia, un local situado en el atrio norte.

Severiano era uno de los actores más queridos, era la estrella del escenario. Su forma de gesticular e improvisar hacía reír a carcajadas al público. A veces se salía tanto del guion que los demás se perdían, y eso lo hacía aún más divertido. Severiano era la auténtica estrella de cada obra de teatro. También era muy apreciada Luisa, hermana de Hortensia, que tenía un gran talento escénico.

Las obras eran sencillas, casi siempre comedias como Madre Alegría, con diálogos cortos y muchos gestos, porque no todos sabían leer bien ni había mucho tiempo para ensayar. Se practicaba por la noche o incluso mientras se trabajaba en el campo. La entrada, por supuesto, era gratuita.

Y luego estaban las canciones y bailes populares, que eran el alma de cualquier celebración. La jota serrana se cantaba y bailaba con guitarras, botellas, bandurrias… y muchas ganas. Había fechas especiales para bailar: el Lunes de Resurrección, el mes de mayo o las fiestas de la Virgen del Carmen. Pero también surgían canciones de manera espontánea, en reuniones familiares o entre amigos.

Una de las coplas más cantadas decía así:

Arbolito, te secaste,

teniendo el agua en los pies,

en el tronco la firmeza

y en la ramita el querer.

De los árboles frutales

el olivo es el mejor,

pues de él se obtiene el aceite

para alumbrar al Señor.

Si uno quiere conocer más, puede leer el libro Jotas de Prádena del Rincón, publicado por la Asociación Cultural Salmoral, que recoge muchas de estas joyas musicales serranas, algunas de las cuales se detallan en el apartado de anexos.

Y, como curiosidad, vale la pena recordar que en aquellos años la información llegaba con cuentagotas. Algunos tenían radio, unos pocos empezaron a tener televisor a partir de los años 60, y los periódicos eran escasos. Uno de los más leídos era El Buen amigo, una revista de carácter religioso y social, fundada en Toledo en 1921 y distribuida en los pueblos a través de las parroquias.

El ocio en Prádena era sencillo, lleno de vida, de risas y de mucha alegría. Porque, en el fondo, no hacía falta mucho para pasarlo bien… solo hacía falta estar juntos.

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