Pradena del Rincon

30

Las Eras

VIDA COTIDIANA Y OFICIOS TRADICIONALES

Durante los veranos, las eras de Prádena se llenaban de vida con la siega y la trilla del trigo, centeno y cebada. Hombres y mujeres segaban a mano, trillaban con vacas o burros y aventaban el grano al viento. Se compartían comidas, trabajo y risas bajo el sol. El grano servía para el pan; la paja, para el ganado.

Durante los veranos, cuando el sol calentaba fuerte, las eras de Prádena se llenaban de vida. Desde que amanecía hasta bien entrada la noche, allí se trabajaba, se comía, se reía… y hasta se dormía, al abrigo del trigo recién segado.

Todo empezaba unas semanas antes, a primeros de junio, con la siega de la hierba. Luego venía la mies: el trigo, el centeno y la cebada, que se habían sembrado meses atrás, en campos que iban rotando cada año —unas veces en el lomo de las Rozas, otras en el Salmoral, Peñalera o las Majaillas—. Cuando llegaba julio, con los días más largos y calurosos, tocaba segar.

Se segaba a mano, como siempre se había hecho. Con la hoz en una mano y la zoqueta de madera en la otra, para no cortarse, hombres y mujeres avanzaban por los surcos. Se hacían haces bien atados y se cargaban en carros tirados por bueyes, que los llevaban hasta las eras. Allí se amontonaban en grandes hacinas, siempre con las espigas hacia dentro, por si caía alguna tormenta de verano.

Luego se extendía la mies en el suelo, formando la parva, y comenzaba la trilla. Se pasaba el trillo —una tabla pesada con piedras incrustadas por debajo— que arrastraban vacas o burros en círculos, moliendo la mies y separando el grano de la paja. Cuanto más calor hacía, mejor trillaba. El aire se llenaba de polvo y del ruido seco del trillo sobre la paja, con muchos jóvenes sentados encima para hacer más peso.

Pero en la era no solo se trabajaba. También se convivía. Los vecinos se ayudaban unos a otros en la recogida de la parva, se prestaban herramientas, compartían almuerzos y hasta bromas bajo el sol. Por la noche, se hacían turnos para dormir allí mismo, al raso, por si venían los burros de los pueblos cercanos a comerse el fruto de tanto esfuerzo.

Después venía el aventado, cuando la mies ya estaba trillada y había que limpiar el grano. A veces se dejaba que el viento ayudara, lanzando la mezcla al aire para que la paja volara y el grano cayera limpio. Otras veces se usaba una máquina aventadora.

¡Una curiosidad es que, durante la época de la trilla, era muy recomendable llevar una lata grande por si a alguna vaca le entraba un «apretón» y se cagaba en la parva!

El grano se metía en sacos y se llevaba a las trojes, donde se guardaba para el pan y la siembra del año siguiente. La paja se acarreaba en carros hasta el pajar: servía de alimento para el ganado, de cama para las cuadras y, mezclada con estiércol, se convertía en abono que más adelante se esparcía por los campos.

Todo este trabajo duraba hasta bien entrado agosto, y a veces incluso hasta septiembre, según el tiempo. Lo peor eran las tormentas: podían echarlo todo a perder si caían sin aviso.

Aquel ritmo de verano fue cambiando con los años. En los años ochenta, cuando ya casi nadie sembraba, la vida en las eras se fue apagando. Las eras se convirtieron en el campo de fútbol de Prádena, donde los jóvenes jugaban todos los sábados contra equipos de los pueblos vecinos, y las fiestas patronales se trasladaron a julio, para que pudieran ser disfrutadas por más gente. Ya no hacía falta trabajar todo el verano; las eras, por fin, podían descansar de tanto ajetreo acumulado durante siglos.

Resumen de privacidad
Prádena del Rincón

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia mientras navega por el sitio web. Fuera de estas cookies, las cookies que se clasifican según sea necesario se almacenan en su navegador, ya que son esenciales para el funcionamiento de las funcionalidades básicas del sitio web. También utilizamos cookies de terceros que nos ayudan a analizar y comprender cómo utiliza este sitio web. Estas cookies se almacenarán en su navegador solo con su consentimiento. También tiene la opción de optar por no recibir estas cookies. Pero la exclusión voluntaria de algunas de estas cookies puede afectar su experiencia de navegación. Para más información puede consultar nuestra Política de Cookies.

Cookies estrictamente necesarias

Las cookies necesarias son absolutamente esenciales para que el sitio web funcione correctamente. Esta categoría solo incluye cookies que garantizan funcionalidades básicas y características de seguridad del sitio web. Estas cookies no almacenan ninguna información personal.