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Mapa de Topónimos
NATURALEZA Y PAISAJE EMOCIONAL
Hay documentos que no tienen precio; su valor trasciende lo material, porque todos nos vemos reflejados en él. No lo venderíamos ni por todo el oro del mundo, y no porque esté escrito en papel antiguo o con tinta dorada, sino porque guarda algo mucho más valioso: la memoria de un pueblo. Este es el caso de un mapa muy especial que hoy conservamos con cariño en Prádena.
Este mapa de topónimos fue elaborado en 1990 por nuestro querido y entrañable Isidoro Jiménez, un vecino que conocía cada rincón del término municipal como la palma de su mano.
Isidoro no era cartógrafo ni geógrafo. Era pastor, y durante años recorrió a pie, día tras día, los campos de Prádena con su rebaño de ovejas, caminando bajo el sol, la lluvia y la nieve, por caminos y veredas que pocos ya recuerdan. Con el tiempo, fue dibujando en su mente el mapa de un territorio lleno de nombres que, a menudo, no aparecen en los mapas oficiales, pero que eran indispensables para la vida diaria.
A esos nombres se les llama topónimos, y son mucho más que simples etiquetas geográficas. Hablan del paisaje, de su historia, de cómo era la tierra, de lo que se cultivaba, de las plantas que crecían o de la forma de una colina. En el campo, los topónimos eran como un callejero rural: una guía imprescindible para saber dónde estaban las ovejas, dónde se había perdido una vaca o en qué rincón del monte trabajaba un vecino.
Antes no había móviles, ni GPS, ni Google Maps. Solo la experiencia y la voz de los mayores. Por eso, los nombres de los parajes se transmitían de generación en generación, como parte del lenguaje propio del pueblo.
Isidoro quiso que nada de eso se perdiera. Quiso dejarnos su legado. Y por eso, en 1990, dibujó a mano un mapa en el que escribió con esmero los nombres de los lugares del término municipal de Prádena. Allí aparecen topónimos tan evocadores como Los Santillos, Las Majaillas, Las Fanegas, Prados Puente Linares, Las Suertes, Los Melreros, el Corral del Cornato, el Prado las Tripas, la Finca Arroyo Malillo, el Quiñón del Llano, Las Guijas, el Prado del Hospital o Las Alegas, entre otros. En un rincón del mapa escribió también la Peña del Mediodía, esa roca que, según decían los viejos del lugar, marcaba la hora exacta.
Muchos de los nombres de los parajes de Prádena tienen su raíz en el mundo agrario, ganadero o en la propia naturaleza. Estos topónimos empezaron a nacer en la Edad Media (siglos XIII-XV), cuando se organizaban los prados de pasto, los quiñones de cultivo y las suertes de reparto vecinal.
Durante mucho tiempo su transmisión fue sobre todo oral. Los vecinos nombraban los prados, los arroyos o los montes según sus usos o características, y esos nombres se iban heredando de generación en generación. La fijación escrita, en cambio, fue más tardía: en general, no aparece hasta el siglo XVIII, aunque su uso real era bastante anterior.
En los libros de acuerdos de la Comunidad de Villa y Tierra de Buitrago (siglos XIV-XVII) ya se anotaban repartos de pastos, quiñones y aprovechamientos de montes, y es casi seguro que algunos de los topónimos actuales ya figuraran en esos registros. También en los protocolos notariales de los siglos XVI al XVIII —testamentos, ventas, apeos y particiones— era habitual citar el nombre de los parajes para identificar heredades.
La gran fotografía escrita de estos nombres nos llega con el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752-1753). En él, los propios vecinos detallan los pagos, prados y quiñones, y gracias a este documento muchos de los topónimos quedan fijados por primera vez por escrito. Más tarde, en el siglo XIX, vuelven a aparecer en escrituras notariales, apeos, deslindes y, finalmente, en el famoso Diccionario de Madoz (1845-1850).
En el caso de Prádena, no existe un documento donde se especifique con claridad el origen de nuestros topónimos, así que me he aventurado a hacer mi propia interpretación de algunos. Seguro que tu tendrás la tuya propia.
- Los Santillos: diminutivo de «santos», probablemente ligado a una pequeña ermita, una cruz o un humilladero. También pudo estar relacionado con antiguas heredades de carácter religioso.
- Las Majaíllas: puede provenir de «majada», choza o refugio pastoril, en diminutivo.
- Las Fanegas: quizás haga referencia a tierras de labor medidas en fanegas, la antigua unidad agraria.
- Prados Puente Linares: prados situados cerca de un puente y de campos de lino (linares).
- Las Suertes: parcelas repartidas por sorteo entre vecinos, un uso muy común en época medieval.
- Los Melreros: probablemente relacionado con mirlos (del latín merulus), aunque también podría aludir a colmenares o abejas.
- Corral del Cornato: «cornato» quizá derive de «cornado» (moneda medieval) o de «cornejo» (arbusto).
- Prado las Tripas: nombre popular, quizá por tratarse de un terreno estrecho o alargado.
- Finca Arroyo Malillo: alusión directa al arroyo que atraviesa esas tierras.
- Quiñón del Llano: «quiñón» significa parte de tierra asignada a un vecino, en este caso en la zona llana.
- Las Guijas: tierras pedregosas, del castellano «guija» (piedra pequeña).
- Prado del Hospital: a lo mejor relacionado con algún hospital de pobres o de tránsito, habitual en la Edad Media junto a cañadas y caminos.
- Las Alegas: probablemente prados de hierba, tal vez ligados al término «alhégas» (helechos). A veces he escuchado «las salegas», y entonces podría estar relacionado con un lugar donde echaban la sal a los animales
Este mapa no solo es útil para orientarse por el campo. Es también un homenaje silencioso a Isidoro y a todos nuestros antepasados, que vivieron y crecieron en Prádena y que, a pie y sin descanso, recorrieron estos parajes que hoy, gracias a él, tienen nombre y memoria. Es un reflejo de nuestros orígenes, pues estos topónimos tienen siglos de antigüedad y han sido transmitidos oralmente de generación en generación.
Por todo eso, no queda más que quitarse el sombrero y dar las gracias a Isidoro, de corazón, por este legado único que sigue guiándonos y emocionándonos. Isidoro, te estamos muy agradecidos por haber dibujado este mapa, para que hoy todos podamos entender mejor la esencia del campo, del pastoreo y de esas jornadas interminables de sol a sol que pasabas en el monte. Tu mapa queda aquí para la eternidad.
